Hay gente a los que la vida mima. Se descuidan físicamente y no les sube el colesterol ni les amaga un infarto. En trabajos que obtienen sin mucho más mérito que el ser hijos de sus padres, pasillean, aportan ruido y estorbo cuando quieren hacer notar su presencia y siempre tienen un motivo de agravio. Son los reyes del victimismo y de los másteres justificativos. Nada hacen, pero tienden a estar "muy formados". ¿Quiere localizarlos? Brujulean por la máquina de café. Se hacen los encontradizos con los jefes de mayor nivel, a los cuales evitan en cuanto pueden. En las reuniones, apoyan la línea de tendencia mayoritaria. Suelen estar al día de los últimos chismes. Y no trate de darle trabajo; lo harán lento o mal, encontrarán motivos para justificar que a ellos no les corresponde o se lo pasarán a otro. Ah, y de paso, creen, sinceramente, que son esenciales para la organización y que no reciben compensación en relación a sus méritos. Toda organización debe tener una lista de personas "con talento" o con futuro. Cuéntelas. Tenga la absoluta seguridad que hay otra lista de tamaño al menos equivalente de incompetentes que restan. ¿La tiene controlada? (visto en Twitter, del blog "De Oficio Formador", de Luis Valdivieso Llosá)